Críticas y Artículos

Por Fin

por Raúl Lobera

Y llegó. Y se atravesó en mitad del cine como un tráiler en mitad de una autopista plagada de coches. Avengers Infinity War (2018) es una grandísima película. No solo por la taquilla que hará (en unos días ha superado toda recaudación inimaginable) si no porque realmente es una muy buena película. Claro que la película dirigida por los hermanos Russo cuenta con unas claras ventajas que otras no tienen.

10 años lleva planeándose esta película, escribiéndose y re – escribiéndose. 10 años de ensayo y error de saber dónde acertar y donde fallar. Sus personajes (Vengadores y compañía) están clarísimamente definidos, sus personalidades, sus acciones. Ninguno de ellos se contradicen, ninguno falla en su empeño. Es como una orquesta bien afinada. Todos saben qué hacer. Claro que todos los hemos visto en más de 2 y 3 películas durante estos 10 años así que los conocemos como nuestra palma de la mano.

Aparte está el hype. Todo el mundo quiere ver esta película. Por eso hay que reconocer mérito, porque si el patinazo se hubiese consumado, hubiese sido histórico. Pero no lo es. La película funciona a la perfección, durando dos horas y media parece que dura 30 minutos, baja y sube como una montaña rusa y apenas te da tiempo a reaccionar. Robert Downey Jr, Benedict Cumberbatch, Zoe Saldana y Elisabeth Olsen (en opinión de este humilde proyecto de crítico) son los MVP de la película.

Ah perdón, pero hay un motivo que la distingue de una muy buena a una gran película. Es simplemente el ESPECTACULAR trabajo de Josh Brolin como Thanos, el que lo permite pasar de nivel. Villano clásico, humano, espectacularmente trabajado y que se come la pantalla y a quien esté con él en cada escena. Dicen que una película que representa la lucha entre el bien y el mal solo puede estar a la altura si su villano lo está. Y, sí señor. Lo está.

Ah y por último es una peli de superhéroes. Lo nombro de pasada, porque realmente, esto apenas tiene importancia. Ni debería tenerla. No al menos con la Guerra del Infinito.

El Efecto WOW

por Raúl Lobera

Os explico un poco qué es exactamente el efecto WOW (término creado por otra persona con bastante más imaginación que yo, pero cuyo nombre no puedo recordar). El efecto WOW es el efecto que una película (puede ser un videojuego o solo una pieza audiovisual, musical… en este caso utilizaremos de ejemplo una peli) nos produce al mirar la pantalla y recibir estímulos tales como referencias musicales que nos alucinan, efectos especiales que te dejan con la boca abierta, o más referencias de otras obras en un sitio donde no deberían salir.

Bien, esto puede desembocar en que la película en cuestión debajo de ese efecto, no tenga absolutamente nada, sea plana y utilice ese efecto para ocultar sus vergüenzas. Otra posibilidad es que el efecto WOW continúe durante toda la película. Y la tercera es que (con perdón) nos importe una mierda porque el efecto es tan entretenido, que te da lo mismo.

Ready Player One, Steven Spielberg (2018) pertenece a ese tercer grupo. Entretenida hasta decir basta, si uno creció a finales de los 80/ principios de los 90 como un servidor, la película está repleta (pero repleta) de referencias, easter eggs, guiños,… Sinceramente la película consigue que pases un rato riendo y rememorando y que vuelvas a ser unos 10 años más joven.

No hay muchas películas que lo consigan de una manera tan homogénea como esta. Hay algunas pegas eso sí. Los personajes no llegan a importarnos tanto como a preocuparnos por su seguridad,  hay algún agujero de guion más grande que otro, y quizás un poco menos de duración sería lo correcto. Pero repito, cuando una película te entretiene y te hace reír tanto como RPO… ¿acaso eso realmente importa? Como siempre, no es mi decisión resolver esa pregunta.

(PD: Dejo a un lado si es buena adaptación o mala. Eso desde luego, sí que corresponde a la realidad virtual de cada uno)

Lo que realmente suele pasar

por Raúl Lobera

Greta Gerwig, a los mandos de la dirección y el guion (¡por primera vez!) de Lady Bird construye una obra tan sencilla, simpática y real, que en ello radica su magia. Creo que mucha parte de la población que ha nacido en un mundo sin privilegios reales se ha sentido como Lady Bird. Queriendo aspirar a más y bueno… teniendo entre manos una tarea casi imposible de conseguir.

Es difícil no verse reflejado en la película por sus varios y acertados aspectos. El escepticismo religioso, la sensación de estar en un mundo que ni desea ni llega a comprenderte o ver como, por tu posición social y monetaria, no puedes llegar a alcanzar las metas soñadas. También podemos meter en el mismo saco los errores cometidos, por supuesto.

Evidentemente, por todo lo expresado, su guion es excelente. Y no es un guion enrevesado con diálogos geniales y un desarrollo de todos los personajes, donde todos brillan. Todo en esta película radica en su sencillez. Tanto como la genial interpretación de Saorise Ronan, cuyas puertas al estrellato están más que abiertas (tercera nominación a los Óscar tan solo con 23 años) como la cercanía que transmite Laurie Metcalf.

Es complicado que de sus 5 nominaciones una película como Lady Bird consiga rascar algo. Pero a veces eso es lo que realmente suele pasar. Te quedas cerca, a lo mejor no consigues que tu plan A funcione, pero no precisamente por eso quiere decir que hayas fracasado. Avanzar sin llegar a tu punto óptimo pero quedarte cerca también es igual de importante.

De momento, Greta Gerwig ha conseguido ser la 5ª directora de la historia en estar nominada al Óscar. A veces, solo hay que empezar por algún sitio. Da igual por dónde.

La Utopía de Guillermo

por Raúl Lobera

La Forma del Agua, Guillermo del Toro (2018), es muy probablemente la película más completa de todas y cada una de las que se presentan a los premios Óscar el día 4 de Marzo. No en vano tiene 13 nominaciones a las estatuillas doradas, y después de verla pocos podrán dudar de que son bastante bien merecidas.

Técnicamente hay pocos peros que darle a la película. La fotografía es brillante y la película está muy pero que muy bien dirigida (jamás pensé que escribiría estas palabras refiriéndome a Guillermo del Toro) La banda sonora y la ambientación está espectacularmente cuidada, enseguida te permiten meterte en ese universo repleto de conspiraciones, con el relato de amor imposible como principal conductor.

Que nadie se asuste, no es ninguna “pastelada”. Aun así la historia de Sally Hawkins (brillante en su interpretación) y el humanoide anfibio está perfectamente construida, aderezada por unos personajes secundarios que ayudan a levantar la historia cuando esta se puede tambalear. Son importantes, pero no quitan la luz a la pareja principal. Básicamente lo que unos personajes secundarios deben hacer.

Si uno presta atención, todo en esta película funciona con la precisión de un reloj suizo. No destaca por su genialidad, pero cuesta encontrarle puntos débiles. Por eso tantas nominaciones y tantos reconocimientos. Mención especial al trabajo de un Michael Shannon que como villano siempre luce.

Guillermo del Toro por fin ha construido una utopía (después de tantos años de intentos fallidos) creíble, emocionante y asombrosa. Faltará ver el reconocimiento de los miembros de la Academia, pero el del resto del mundo, ya lo tiene. Y eso, quizás, es mucho más que un premio de un tío desnudo y dorado sujetando una espada.

Adiós… con elegancia

por Raúl Lobera

Daniel Day Lewis y Paul Thomas Anderson. No podía ser otro que el autor de Pozos de Ambición (2007) y Boogie Nights (1997) el que le diera el cierre final al mejor actor de su generación. Porque cuando el actor londinense dice una cosa suele cumplirla a rajatabla. Siempre ha hecho las películas que ha querido. Cuando ha querido. Y parece que se va en sus propios términos. Nadie se lo reprochará.

Paul Thomas Anderson construye una película (El Hilo Invisible, 2018) hecha por y para Daniel Day Lewis. El actor se siente en su salsa interpretando al excéntrico, maniático y quisquilloso modisto Reynolds Woodcock. Pensad en todos los papeles que ha tenido el único hombre con tres estatuillas doradas al mejor actor. Desde el estremecedor Christy Brown (Mi Pie Izquierdo, 1989), pasando por el idealista irlandés Gerry Conlon (En el Nombre del Padre, 1993) y llegando a su Abe Lincoln (Lincoln, 2012). Todos diferentes de los pies a la cabeza. Todos (como este último que cierra su carrera) impresionantes.

En esta, por supuesto, él se echa toda la película a los hombros. En pantalla, no se le puede reprochar nada. La dirección, aspecto en el cual Paul Thomas Anderson tampoco se prodiga mucho, impecable y nominada a un Óscar, al igual que su música. Todos estos aspectos rezuman elegancia por los cuatro costados. Te da la impresión de estar viendo un baile lento y pausado durante sus más de dos horas.

Ahora bien, gracias a este aspecto (su lentitud) la película puede pecar de ser extremadamente calmada. En algunos tramos sin diálogo y solo la música de piano, la película puede empezar a parar algunos relojes de los espectadores y a invitarles a descansar la vista por unos segundos.

Pero todo sea por despedirnos de este grandísimo actor. Él dice que no volverá, que le toca un descanso bien merecido. Pero con Daniel Day Lewis nunca se sabe. A lo mejor Paul Thomas Anderson le convence de volver dentro de 10 años. Y si no, quedará repasar lo que ha sido su carrera. Y eso, siempre ha sido un placer.

 

Ese verano

por Raúl Lobera

Aunque no es un título que atraiga (lo sé), ese verano. Tú sabes cuál es, yo tengo uno. Ese verano que te cambió la vida, en el que hiciste amistades, que viviste momentos que jamás olvidarás, que ya no fuiste la misma persona que eras en Junio, cuando llegó Septiembre. Eso es lo que relata Luca Guadagnino en “Call me by your Name” (2018), el verano que cambio la vida de Elio y Oliver.

La historia de amor contada en el hermoso paisaje que conforma la Lombardía italiana es digno de verse en las salas de cine hoy en día. No es sus grandes aspectos técnicos lo que nos atrapa de esta historia sino la historia propiamente dicha. El guion, sacado de la novela de mismo nombre, bien puede valer una estatuilla dorada dentro de poco.

Pero es el trabajo impecable de Timothée Chalamet el que sobresale por encima de todo. A pesar de su juventud, su personaje, Elio, está perfectamente interpretado. Podemos ver que en tan solo 6 semanas el personaje pasa por un rango de emociones internas amplísimo, cada vez más intensas y confusas. Armie Hammer es el perfecto complemento a nuestro protagonista.

La historia de amor, contada en múltiples lenguas (inglés, italiano, francés y hasta un poco de alemán) se abre camino lentamente, cociéndose poco a poco para acabar de manera espléndida. Digamos que empieza de manera verde hasta acabar madurando, como los albaricoques de la finca donde ocurre la película.

Es la historia que se nos cuenta en una escena a mitad de la película cuando se nos da la clave de ese verano que todos vivimos, y también de “Call me by your Name”. A veces, es cuestión de hablar, o morir.

La lucha contra el Pentágono… y el tedio

Por Raúl Lobera

Salir de una película y decir que Meryl Streep y Tom Hanks están muy bien es, prácticamente en la época que vivimos, como decir que el sol saldrá por la mañana. Seguro que saldrá aunque algunos días esté nublado, pero el sol siempre está ahí, acompañándonos. Y por supuesto, Meryl Streep y Tom Hanks están muy bien en “Los Archivos del Pentágono (The Post)” Steven Spielberg (2018). Mejor él que ella, en mi modesta opinión.

Pero los problemas para Mr. Spielberg no vienen por su solvente y ya experimentada pareja protagonista. El problema viene por la película y el curso de la acción en sí. Es cierto que se podrá decir que una película periodística y que coquetea directamente con la política no puede o incluso debe llevar un ritmo frenético, como si una película de acción se tratara.

Aun así el ritmo de la acción es extremadamente lento. La película se detiene en exceso en los principios morales que tienen los protagonistas que, aunque por una parte es correcto, todos sabemos a las decisiones que los van a llevar y, por otra parte se ve claro las decisiones que al final, acabarán tomando. Es muy fácil y algo ventajista compararla con la grandiosa “Spotlight” (2016) pero es que la comparación surge sola.

El trabajo en la dirección de Spielberg es bueno, pero volvemos al problema del principio del texto. Si tu trabajo siempre es bueno, la película debe brillar en otros aspectos. Y esta no lo hace. Casi desperdicia a dos animales de la televisión como son Bob Odenkirk (Better Call Saul o Breaking Bad, casi ná) o Sarah Paulson (American Horror Story). Y eso sí que podría estar recogido en un archivo del Pentágono.

No digo que no se pueda ver, pero, si entráis a disfrutar del trabajo de los dos actorazos mencionados en el primer párrafo del texto, tened en cuenta lo que conlleva escuchar la historia del ahora aclamado Washington Post.

La Cruda Realidad

por Raúl Lobera

Tres Anuncios en las Afueras, Martin McDonagh (2018) es un auténtico golpe de realidad en la cara. No te quieres despertar, no te preocupes esta película te va a golpear a base de humor negro (a veces auténticamente magistral) y crudeza. Pura y dura. Y muy, muy dura. Y escúchame bien, no dejará de golpearte hasta que el último crédito termine y las luces de la sala se enciendan. Quizás no llegues a entender que ha pasado.

Si verás cómo Frances McDormand que ya hizo auténticas maravillas en Fargo (1996) vuelve a jugar contigo y a interpretar un personaje tan decidido, tan roto por dentro que te hará reír y llorar al mismo tiempo. Denle un Óscar a esta mujer por dios. O 10. Por si se le pierde alguno de los otros 9. Woody Harrelson está excelso en todas y cada una de sus escenas. Sigue siendo mi ojito derecho.

Pero la sorpresa llega con el personaje interpretado por Sam Rockwell, que puede tener ya asegurado su Óscar al mejor actor secundario. La palabra es inmenso. Para bien y para mal. Ah y entre una retahíla de buenas actuaciones secundarias quizás lleguéis a ver entre golpe y golpe a cierto habitante del reino de Poniente.

Su sensacional guion podría ser sin ningún problema el tercer Óscar que se lleve esta historia que gira sobre tres anuncios puestos en una carretera en medio de ninguna parte, en un pueblo en el sur de USA, en ninguna parte. Por cierto que en los últimos años, ganar el mejor guion, es sinónimo de Mejor Película. Que se lo digan a Spotlight (2016) o Moonlight (2017) (Y  ya van 4).

Quizás no llegues a ver esta película. Pero permíteme que te diga que estarías muy equivocado si dejas pasar la oportunidad. Solo hay una manera de averiguarlo. ¿No?.

La importancia de llamarse… Sorkin

por Raúl Lobera

Aaron Sorkin eligió la historia de la “Princesa del Póker” Molly Bloom para su primera obra en el mundo de la dirección (Molly´s Game, 2018). El guion es tan sólido como se podría aspirar del guionista de películas como la aclamadísima Red Social o la sólida Moneyball (tengo que reconocer que tengo un punto débil con esta última). Fue nominado por el mismo guion a un Globo de Oro y no me sorprendería que le “cayera” otra al Óscar.

Jessica Chastain sigue haciendo oro cualquier papel que le concedas, y en muchas partes de la película es ella misma la que se echa la historia a las espaldas con otra buena interpretación (también podría caer nominación para ella, aunque aquí es más difícil). Al lado de Jessica, Idris Elba también se muestra correcto aunque tampoco es el mejor personaje que le han dado nunca. El “cameo” de Michael Cera sí merece la pena.

Pero es una lástima que con todos ingredientes el estreno de Sorkin en la dirección se haya quedado a mitad de camino. La película se hace densa y larga hacia su segunda mitad, probablemente por el exceso de información, y esperas que dé un paso hacia adelante que al final la película no toma.

Así pues, la película va perdiendo fuelle según pasan las escenas. Además da la sensación de que es innecesariamente larga, es decir que para contar la historia de Molly Bloom no hacía falta superar las dos horas de duración. Parece que va a terminar 3 veces antes de terminar de verdad.

Quizás si la película lo hubiera dirigido otra persona o firmado el guion alguien menos reconocible no sería candidata a premios en estos meses que vienen. Pero eso, como siempre se dice, no lo sabremos.

PD: para los amantes del póker, quizás gane muchos enteros. Todo puede ser.

El Artista del Desastre

por Raúl Lobera

Cuando ves una película hay muchas maneras de afrontarla. Puedes sentarte y pensar que te vas a dormir, atender más a la compañía que a la propia película, no tomártela en serio y pasar el rato, estar atento a cada detalle, o buscarle fallos porque quieres odiarla al límite (sí, hay gente que lo hace. A algunos hasta les pagan. Podríais probar a ver).

James Franco hasta ahora ha hecho cosas realmente buenas (The Interview me sigue pareciendo un auténtico pelotazo) y cosas que duelen de ver y de recordar (Tenía que ser él es especialmente difícil). Se podría decir hasta el 29 de diciembre había hecho de todo en el cine. Había hecho.

Con “The Disaster Artist ” James Franco ha conseguido hacer (e interpretar) una película fresca, extremadamente divertida, histriónica, que acaba con una amplia sonrisa en tu rostro. Además conseguir realizar una película sobre cómo se grabó y gestó una película horrible (The Room, 2003) eso tiene muchos factores de riesgo. No captar esencia. No conseguir que nos imaginemos el ambiente en un rodaje especialmente caótico. Quizás otra persona hubiera fallado. Pero no él.

Nunca un título estuvo tan bien puesto. James Franco reina en el desastre que fue la película (ahora de culto) de Tommy Wiseau, en su dirección, en su magnífica interpretación del excéntrico y enigmático director… Acompañado de su hermano Dave (el cual sigue siendo un sólido actor) y de un buen reparto en el que no faltan caras familiares, la película es candidata a todo en la época de premios que viviremos en unas semanas. Mucho ojo, porque puede sorprender.

Ah y como “profesional” del audiovisual que soy, ver un rodaje terrible, con un presupuesto exagerado y mal utilizado, tensión, fallos y desastres y además tan bien caracterizado, alegra este corazón que tengo. Os dejo con una frase que, quizás no para mucha gente pero que para mí y para cualquier loco del audiovisual, significa todo:

“El peor día en un set de rodaje es mejor que cualquier otro día allí fuera”

Star Wars: el lado Oscuro es fuerte. O no.

por Raúl Lobera

Star Wars: Los Últimos Jedis (The Last Jedi) es una película de contrastes. Hay unas partes más consistentes y más hechas, realmente entretenidas y donde la película te mantiene al borde del asiento, literalmente. El final me mantuvo con los ojos en la pantalla pendiente de cada movimiento y me encantó el desenlace de la historia de este episodio.

Los personajes están desarrollados y mantienen sus mismas decisiones y personalidades que en el séptimo episodio. El personaje de Rey sigue su imponente ascenso, Poe Dameron sigue siendo entreteniendo y fresco y Kylo Ren es el personaje más interesante que ha pasado por el mundo creado por Lucas en mucho, mucho tiempo. Leia será siempre nuestra princesa. Y yo tengo una debilidad por Luke y el maravilloso Mark Hamill.

Pero, hay escenas que no encajan con la película. Algunas muy forzadas y en algún momento ridículas. Subtramas que no acaban de cuajar. Finn es un personaje que le cuesta de momento aunque yo creo que tendrá su momentazo en el último episodio. La resolución puede parecer cogida por los pelos. La película discurre en un lapso de tiempo muy limitado, lo que puede molestar. Los nuevos personajes están forzados y parecen metidos con calzador. Y los villanos se desarrollan mucho menos de lo que parecía que se iban a desarrollar.

En realidad he dicho que la película tiene contrastes. La verdad es que tiene un Lado Oscuro muy fuerte, que te puede atrapar. Si te dejas claro. Porque la película tiene momentos de absoluta brillantez y el director, Rian Johnson hace muy bien las cosas. La Luz es también muy fuerte en la película. Y los efectos especiales, más todavía. La música de John Williams me tiene ganado, aunque esperaba “algo más”.

La opinión de este humilde caballero, pues que es mejor dejarnos atrapar por la Luz que por el Lado Oscuro, que así disfrutaremos más. Y que creo que en esta batalla eterna que nos propone Star Wars: Los Últimos Jedi la Luz gana por poco. Pero el elegir el Lado Oscuro o La Luz, supongo, que es cuestión de cada uno. O no.